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Me fascinaría inspirar a otras mujeres a divertirse con sus atuendos, motivarlas a atreverse a probar cosas nuevas, logrando con ello looks diferentes y más atrevidos a lo que usualmente llevan.

Mi historia ha sido bastante variada. Desde muy chavita la gente me decía frecuentemente que le gustaba mucho mi forma de vestir y que debía dedicarme a algo relacionado con la moda, pero la verdad es que nunca me sentía lo suficientemente confiada.

Por una u otra razón, siempre emprendía un camino diferente. Y si bien mi entorno, en un principio universitario y posteriormente laboral, no estaba relacionado con la industria de la moda, en el fondo seguía persiguiendo lo que en verdad me gustaba.

Tengo una marcada fascinación por la lectura y la facilidad de ser autodidacta para las cosas que realmente me apasionan.

Por ejemplo, hace seis años sentí la necesidad de reencontrarme con mi esencia. Algo en mí me decía que necesitaba renovar mi espíritu. Así que inicié con la práctica del yoga. Compré libros, leí tutoriales, practiqué y practiqué, y continúo trabajando en mis respiraciones y en mi interior así como en el fortalecimiento físico que es indispensable para el desarrollo de las secuencias de asanas.

Desde la universidad comencé a tomar cursos, por cierto me titulé como Licenciada en Periodismo y justamente mi tesis de titulación fue sobre imagen, ahí fue donde siento que renació y refrendé mi amor por la moda, ya que ingresé a un diplomado sobre “Imagen Pública en Campañas Electorales.

Y en ese momento me encantó, el que yo llamo el lado “fashion” de la política, ese factor tan importante que intrínsecamente condiciona tantas decisiones y del que no todos se percatan.

Ya como mujer trabajadora me inscribí en varios diplomados relacionados con la imagen personal y constantemente continúo comprando libros para instruirme sobre el tema y desde luego, infaliblemente, estoy al tanto de las últimas noticias del universo trendy.

En las empresas en la que trabajaba aplicaba mis conocimientos al vestir y a la gente le seguían llamando la atención los looks y me expresaban sus comentarios al respecto. Amigos, compañeros de trabajo y familiares muchas veces me pedían asesoría y descubrí que era algo que también disfrutaba muchísimo.

En numerosas ocasiones mi esposo me comentaba y me motivaba para que iniciara un blog, pero yo sentía que no tenía lo suficiente para hacerlo o que no poseía algún diferenciador de tantos que ya existen.

Un buen día, ya enfrascados en nuestro propio negocio mi esposo me dio una hermosa sorpresa, ya tenía todo el branding de la marca, así como el sitio web de MyVanityAffair. Y así juntos emprendimos esta divertida aventura.

Por cierto, el nombre de la marca lo inventamos sin querer. Todo surgió de mi fascinación por las compras, porque siempre buscaba alguna ocasión, en medio de la vorágine laboral en la que estaba enfrascada, para escaparme y dar rienda suelta a mi aventura secreta, el shooping, es decir: My Vanity Affair.

En el camino he aprendido que hay que atreverse a hacer las cosas y más si eso te hace feliz. Siempre he dicho que jamás me he arrepentido de algo que no haya hecho y he decidido que continuaré cosechando recuerdos de diversas experiencias.

Hay reglas para todo, eso lo tengo muy claro. Pero ya que las conoces, ahora sí, puedes y es momento de romperlas.

La vida es solo una y hay que vestirse para la ocasión. En verdad creo que la actitud es el mejor accesorio que cualquiera puede tener, y una sonrisa es capaz de iluminar cualquier atuendo, por más sencillo que este pueda ser.

 

CONTACTO

bea@myvanityaffair.com

 

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